La obesidad afecta cada vez más a millones de personas en todo el mundo, y los casos aumentan bruscamente en niños pequeños, una tendencia que no se explica solo por la evolución de las dietas y los estilos de vida.

Según una investigación presentada el pasado año  en Barcelona en la reunión anual de la Sociedad Europea de Endocrinología (ECE), existirían productos químicos que interfieren con la forma en que nuestro cuerpo almacena y procesa la grasa, a los que han denominado  obesógenos y se han sugerido como un posible contribuyente al creciente número de casos de obesidad.

Qué es un obesógeno

Se trata de productos cotidianos que contienen sustancias químicas ambientales que pueden hacernos aumentar de peso al interferir con nuestras hormonas.

Seguir recomendaciones sobre cómo evitar estos químicos podría ayudar a minimizar la exposición y reducir potencialmente el riesgo de obesidad y sus complicaciones.

Los obesógenos reprograman cómo funcionan nuestras células de dos maneras principales: pueden promover la acumulación de grasa elevando el número y el tamaño de las células adiposas o aumentando el apetito, o pueden hacer que sea más difícil perder grasa al cambiar nuestra capacidad de quemar calorías.

Estudios previos han identificado estos productos químicos presentes en muchos productos cotidianos, como pesticidas, plásticos, retardantes de llama, revestimientos repelentes en utensilios de cocina y ropa, y edulcorantes artificiales.

Los grupos de investigación, de las universidades de Aveiro y Beira Interior, en Portugal, dirigido por Ana C. Sousa, revisaron encuestas epidemiológicas existentes y nuevas y estudios con animales, y mostraron que las fuentes más importantes de exposición a los obesógenos en interiores son la dieta, el polvo doméstico y productos de la vida cotidiana como productos químicos de limpieza, utensilios de cocina o cosméticos.

Dónde se encuentran

Según ellos, Los obesógenos se pueden encontrar casi en todas partes y nuestra dieta es una fuente principal de exposición, ya que algunos pesticidas y edulcorantes artificiales son obesógenos. Igualmente, están presentes en plásticos y productos domésticos, por lo que reducir la exposición por completo es extremadamente difícil, pero hacerlo no solo es factible, sino también muy simple.

Cómo evitarlos

Con base en los hallazgos de la revisión, los investigadores sugieren recomendaciones específicas para reducir la exposición a los obesógenos, como elegir alimentos frescos sobre productos procesados con listas largas de ingredientes en la etiqueta -cuanto más larga es la lista, es más probable que el producto contenga obesógenos- y comprar frutas y verduras producidas sin pesticidas, como productos certificados orgánicos o locales libres de pesticidas

También aconsejan reducir el uso de plástico, especialmente al calentar o almacenar alimentos, apostando en su lugar por recipientes de vidrio o aluminio para los alimentos y bebidas. Además, apuestan por quitarse los zapatos al entrar a la casa para evitar introducir contaminantes en la suela de los zapatos, pasar la aspiradora con frecuencia, usar filtros de partículas de aire de alta eficiencia (HEPA) y un paño húmedo para quitar el polvo de casa con frecuencia.

Quitar o minimizar la presencia de alfombras en el hogar o el trabajo, ya que tienden a acumular más polvo y evitar productos de limpieza cuando sea posible, o elegir aquellos que no contienen obesógenos son también otras propuestas que plantean estos expertos. No obstante, se necesitan más estudios para proporcionar evidencia inequívoca de cómo los obesógenos contribuyen a la epidemia de obesidad.

Los adultos ingieren aproximadamente 50 mg de polvo todos los días, y los niños dos veces más, por lo que mantener la casa limpia es una medida muy efectiva. Hay que usar un paño húmedo para quitar el polvo de los muebles, en lugar de un producto de limpieza que pueda contener más de estos productos químicos.

En resumen, es imposible evitar la exposición completa a estos productos químicos que nos rodean por doquier, pero si podemos con pequeños gestos,  disminuir el nivel de los mismos en nuestra vida cotidiana

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