Existe la idea generalizada, de que llegando el verano deben suspenderse e incluso no iniciarse ningún tratamiento estético médico ni mucho menos quirúrgico.

En honor a la verdad más absoluta, esta afirmación carece de todo rigor.
Si esto fuera totalmente cierto, no se operaría nadie en Brasil, Miami, ni ningún otro país caribeño o tropical, ya que son lugares donde disfrutan de un “permanente verano”.

Todo el mundo sabe no obstante, que es justamente en estos lugares donde mayor número de tratamientos estéticos se realizan.

El verano, lo único que aporta es, en caso de las cirugías, mayor disconfort a la hora de soportar vendajes, apósitos, etc. y exige por parte del paciente mayor compromiso con los cuidados a seguir: si se indica que se abstenga de tomar el sol y foto protegerse, debe cumplir esta indicación a rajatabla, ya que el riesgo de pigmentación de heridas expuestas a la luz solar, es mucho más alto que en invierno.

La aparición de equimosis (cardenales) tras la aplicación de terapias con aguja (mesoterapia, rellenos dérmicos, etc.), también supone un extra de cuidado mediante una protección solar alta (afortunadamente hoy contamos con excelentes fotoprotectores), y el compromiso absoluto de no exponerse al sol mientras duren estos cardenales. Esto es, no ir a la playa o al campo durante este tiempo.

Realmente tampoco es algo que no se pueda cumplir.

No obstante, y ya que contamos con dos períodos estacionales muy marcados, que duda cabe que resulta razonable posponer todos estos tratamientos para cuando sea más fácil y cómodo y tengamos menos limitaciones, pero no porque estos estén contraindicados.

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