Cuando se realiza un tratamiento de peeling facial, hay siempre dos efectos relacionados con el tratamiento, uno que se ve y otra que no se ve.

El  primero, es evidente: se produce una exfoliación de más o menos intensidad dependiendo del tipo de sustancia o sustancias utilizadas en el peeling y del tipo de piel del paciente.

El  segundo, el que no se ve, es el de una estimulación en la producción de colágeno y elastina por parte de los fibroblastos de la piel, y que se produce como respuesta de reparación ante la “agresión” controlada que ha realizado el peeling.

Pues bien, actualmente podemos  realizar esta segunda acción, prescindiendo de la primera, es decir, sin provocar descamación.

El efecto descamativo, en ocasiones es deseable como es en el caso de piel muy áspera, pigmentada, con poros muy dilatados, etc. pero sabemos que es un efecto no siempre bien tolerado desde el punto de vista social y laboral.

Si el paciente en cuestión, no padece de esas características, podría verse beneficiado por la acción de inducción de colágeno pero prescindiendo de la molestia de la descamación.

Esto es algo así como un “peeling sin pelar”, lo cual resulta paradójico y que nos lleva a modificar el nombre del tratamiento al que hemos denominado como Biorrenovación no descamativa.

El procedimiento es similar al de cualquier peeling, es decir, se aplican sobre la piel diferentes capas de sustancias que inducen dicha renovación y estimulación fisiológica de los fibroblastos, pero que no van a inducir la descamación.

El efecto inmediato es de mayor tersura y luminosidad de la piel, por lo que podría utilizarse como tratamiento previo a algún evento social.

Pero si se realiza en forma seriada, es decir uno cada siete o diez días y por un total de cinco o seis aplicaciones, conseguimos ese objetivo de la renovación cutánea de la que hablamos.

Es un importante avance en los tratamientos faciales, y puede combinarse con otros tratamientos como mesoterapia, toxina botulínca, radiofrecuencia, etc.

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