La Real Academia de la Lengua Española (RAE), define a la papada como “…Abultamiento carnoso que se forma debajo de la barba, o entre ella y el cuello.”. Es una zona mal definida, que casi siempre se asocia a obesidad y/o vejez, aunque en muchas ocasiones se presenta absolutamente fuera de estas condiciones y es solo parte de un condicionamiento estructural del individuo, y que puede ser heredado o no, y que provoca en el perfil facial una pérdida del ángulo cérvico facial y una disminución de la definición de los límites faciales de modo que parece que la cara se continuase con el cuello.

En la papada encontramos dos posibles aspectos y que pueden aparecer solos o combinados:

– Por un lado, un exceso de piel, lo cual lo encontramos como parte del proceso de envejecimiento o pérdidas bruscas de peso.
– Por otro lado un exceso de grasa acumulada como parte de procesos de obesidad, influjos estrogénicos, etc.
– Muy frecuentemente la combinación de ambos factores.

Cuando el problema es solo de piel, está indicada una ritidectomía (lifting) que casi siempre no satisface por completo ni a pacientes ni cirujanos.

Cuando la piel no es problema y depende de la grasa, el tratamiento consiste en una liposucción de la zona, que tiene el valor añadido de mejorar el posible exceso de piel que pueda acompañarla.

Se trata de una intervención simple que consiste básicamente en la extracción de la grasa acumulada en esta región mediante pequeñas cánulas de aspiración diseñadas para ello.

Tras aplicar la anestesia local,las cánulas se introducen a través de tres pequeñas incisiones, una, bajo el mentón, y otras dos, simétricas, bajo los ángulos mandibulares.

La liposucción en esta zona, al realizarse muy superficialmente, tiene el efecto de retraer la piel bajo la cual se ha estado pasando la cánula (reacción fibrótica) de modo que la piel se reparte y se adhiere al plano profundo. No obstante para ayudar a este fenómeno, debe aplicarse, como en toda liposucción, un vendaje compresivo que el paciente debe llevar durante una semana el mayor tiempo posible. Esto tal vez sea el aspecto más incómodo del postoperatorio, ya que la intervención en sí, no resulta dolorosa ni en sí misma ni en los días posteriores.

Es de esperar una discreta inflamación de la zona, como respuesta obvia al traumatismo, y que enmascara al comienzo los resultados. Estos serán visibles tras la primera semana.

Cuando se pueda prever que la piel por sus características no fuere capaz de soportar el tratamiento, y no consiga una adecuada retracción, se complemente la liposucción con la aplicación de hilos de tensión que nos garanticen la adecuada tracción de la piel.

En resumen, es una intervención simple, con muy bajo índice de complicaciones y que obtiene unos resultados altamente satisfactorios en la consecución del embellecimiento facial tanto en mujeres como en varones.

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