El tabaco es la segunda causa controlable del envejecimiento cutáneo prematuro, siendo la primera el sol. Además sobre la mujer, quien ha aumentado su consumo en los últimos años, incide de forma especial ya que favorece la menopausia precoz y se encuentra entre las causas del cáncer de mama por afectación directa sobre las hormonas sexuales femeninas, sin olvidar los daños orgánicos que ocasiona a nivel cardiovascular y respiratorio.

La piel es el primer órgano en donde se puede apreciar el daño producido por el tabaco, pero también también es el primero en mostrar los síntomas de recuperación al abandono de este. Según datos estadísticos fumar durante 10 años seguidos acelera hasta en dos años y medio el envejecimiento cutáneo.

En la actualidad conocemos que la exposición solar multiplica por tres el riesgo de arrugas precoces, multiplicándose por 5 en aquellos que consumen al menos 20 cigarrillos día, y la suma de estos dos factores multiplica el riesgo por doce.

 

¿Cómo se realiza este daño?

El cigarrillo contiene más de 4.500 sustancias químicas, metales pesados y otras sustancias, de cuales 250, al menos, son cancerígenas.
Por una parte hay un daño directo por contacto con el humo y por otra parte por todas las sustancias nocivas inhaladas.

La piel del fumador es una piel con mayor tendencia a la deshidratación, con menos cantidad de células activas y una dermis muy adelgazada por esa alteración tanto del colágeno como de las fibras elásticas.

Todo lo anterior se va a manifestar a nivel estético:

– Arrugas finas en labio superior (arrugas del fumador), comisuras y ángulo de la boca.

– Los poros aparecen dilatados y de aspecto sucio seguramente por el depósito de alquitrán y otras sustancias producidas durante la combustión del tabaco.

– Adelgazamiento de la cara con prominencia de los relieves óseos, más intensa en los pómulos.

– Edema de párpados ligado a una congestión de región de los senos paranasales asociado a una mala aireación.

– Aspecto rugoso de la piel con coloración grisácea. Manchas de nicotina en dientes y dedos.

– Melanosis oral o melanosis del fumador: Aparición de manchas en la mucosa oral de color marrón-grisáceas, secundarias tanto al depósito de alquitrán como a un aumento de pigmentación .

– Mayor tendencia al tener aumentado el índice cadera-cintura por mayor tendencia al acumulo de la grasa abdominal.

– Tendencia a manchas de la piel ya que muchas sustancias presentes en el humo del tabaco actúan como captadoras de energía lumínica.

– Mayor fragilidad capilar, aparición de canas y pérdida prematura del cabello por la alteración de la microcirculación existente alrededor del folículo piloso por lo que se acaba atrofiando.

Otro hecho muy importante es la afectación de la cicatrización. Los pacientes fumadores presentar un mayor número de complicaciones quirúrgicas: las heridas se abren con mayor frecuencia, aparecen cicatrices menos estéticas (queloides o cicatrices hipertróficas) y mayor tasa de infección quirúrgica. Siempre aconsejamos a los pacientes que dejen de fumar desde 1-3 semanas antes de la intervención hasta 4-5 después, momento que se puede ser aprovechado para dejar de fumar.

Podemos concluir que “el tabaco nos hace prematuramente viejos y feos ya que causa arrugas y nos hace perder atractivo” (Chapman , 1993).
Y recordemos que :
“ Por cada 10 años que fumes tu piel envejece 2 años y medio, y si continuas fumando las arrugas son irreversibles.”
Quizás estas alteraciones estéticas sirvan para dejar el hábito del tabaco.

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